
Sabiendo que la doctrina de la resurrección es una de las bases de la doctrina de Dios. (Hebreos 6:2)
Nos es de suma importancia estudiarla y entenderla..
La palabra de Dios nos enseña que:
Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. (1Co 15:19)
Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. (1Co 15:20)
Nuestra fe es fundada en este hecho
Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. (1Co 15:14)
Habiéndonos dado vida, cuando estábamos muertos
Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, (Ef 2:1)
Esta resurrección espiritual se ejecuta cuando al oír la voz de Dios
Por lo cual, como dice el Espíritu Santo:
Si oyereis hoy su voz, (He 3:7)
No endurezcáis vuestros corazones,
Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, (He 3:8)
Acudimos a Cristo creyendo en nuestro corazón y confesando con nuestra boca
Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. (Ro 10:9)
Nuestra vida queda escondida con Cristo en Dios.
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. (Col 3:2)
Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, (Ef 2:6)
Para mantener vivo esto en nosotros debemos: Buscar las cosas de arriba
Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. (Col 3:1)
Considerarnos muertos al pecado
Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para
Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Ro 6:11)
No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo
obedezcáis en sus concupiscencias; (Ro 6:12)
Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de
iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los
muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. (Ro 6:13)
Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo
la ley, sino bajo la gracia. (Ro 6:14)
Vivir según el espíritu
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo
Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (Ro 8:1)
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la
ley del pecado y de la muerte. (Ro 8:2)
Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la
carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del
pecado, condenó al pecado en la carne; (Ro 8:3)
Para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos
conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (Ro 8:4)
Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los
que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. (Ro 8:5)
Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu
es vida y paz. (Ro 8:6)
Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no
se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; (Ro 8:7)
Y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. (Ro 8:8)
Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es
que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de
Cristo, no es de él. (Ro 8:9)
Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a
causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. (Ro 8:10)
Haciendo esto el mismo espíritu que levanto a Jesús nos vivificará también a nosotros.
Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. (Ro 8:11)
Esta es la certeza de lo que esperamos, y es nuestra convicción.
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (He 11:1)
Por esta fe vencemos al mundo
Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. (1Jn 5:4)
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